Cómo ser mediadores de la gran obra


Si acaso dormimos, somos somnolientos,
Y si despertamos, estamos en sus manos.
Si llegamos a las lágrimas, somos su nube llena de gotas de lluvia.
Y si reímos, somos su relámpago en ese momento.
Y si nos enojamos y peleamos, es por el reflejo de su ira.
Si alcanzamos la paz y el perdón, somos el reflejo de su Amor.
¿Quiénes somos en este mundo tan complejo?
RUMI

Como es adentro, es afuera. Un sabio Zen un día sentado con su discípulo observando el firmamento oye que el pupilo pregunta cómo sería nuestro universo interior. Paso seguido el maestro reflexiona y responde: igual que lo que estás viendo en este momento. Al rato el discípulo logró la iluminación. Iluminarse puede ser simplemente entender la esencia misma del universo. El principio ordenador a través del cual están puestas una por una las piedras del universo: la gran obra. Los cambios en el exterior requieren primero cambios internos, reflexivos y profundos.

Disney, la Torre Eiffel, los campos Elíseos, los caminos de Roma hoy son espacios vacíos, por obligación las personas retornamos a nuestro hogar, la casa. Nos encontramos con espacios que no nos pertenecen, somos extraños en nuestros hogares. Nos cuesta la relación con nuestro principal huésped de casa: nosotros mismos. La deuda ecológica nos pasa factura en nuestro propio yo interno. Nuestro niño interior nos pregunta si lo hemos hecho bien o lo hemos hecho mal. La respuesta interna la tenemos cada uno de nosotros.

La amenaza del virus se yuxtapone a la oportunidad de reconciliarnos con nuestro propio hogar, de hacer la tarea con calma y dedicación, almorzar en familia, mirarnos de frente con las personas que comparten nuestra constelación familiar y el foco emisor de nuestra felicidad: yo mismo. Parar en medio de la velocidad del capitalismo nos deja con el agotamiento del YO, ¿Quién soy y cuál es el legado que entrego a las generaciones futuras?

Quizá estábamos embriagando estas preguntas fundamentales para el ser humano con el humo de los vehículos, la premura del día, la hamburguesa en la esquina y el afán del tiempo. Hoy que estamos confinados en nuestros hogares nos preguntamos: ¿Quién soy y cuál es el legado que entrego a las generaciones futuras? Ya no hay excusas para huir a la pregunta porque no hay más a donde ir, el afán se tradujo en la oportunidad de reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestra familia, con nuestros niños o niñas interiores y responder a ciencia cierta: ¿Qué estoy dejando al universo? ¿Soy parte del cambio o del problema?


El barómetro que cada uno de nosotros llevamos dentro nos permitirá hallar la respuesta y con base en ella actuar. Si cada uno de nosotros tomamos conciencia de nuestra labor en la gran obra universal, poco a poco las cortinas de humo que parecieran tenderse sobre la faz de la tierra se esfumarán y quedará la esencia de lo que somos. Una minúscula parte y a su vez la inmensa totalidad de lo que en algún momento fue la explosión divina que dio origen al universo: la gran obra.

Lo veíamos venir: China se resfría y el mundo entero se ve afectado. La globalización nos arropó con sus luces de neón, pero también con su virus. Después de la fiesta viene la resaca y prepararnos a la misma es estar listos para dar el salto de conciencia que necesita el mundo para pasar al otro lado. Debemos estar alineados con nuestro propósito.

La vivienda juega un papel preponderante en este nuevo salto de conciencia. Según estudios hidráulicos del 100% de agua potable que entra a una vivienda solo usamos el 10% para el consumo humano. El otro 90% la desechamos.
El 100% de lo que desechamos lo llamamos basura, debemos prepararnos para considerar los residuos un insumo más en una economía circular que nos permita evitar desechar las 541.000 toneladas de residuos que hoy se botan a la calle, según cifras de la ONU , estimando que para el 2050 esta cifra aumente a 671.000 Toneladas.

Debemos implementar en nuestras viviendas sistemas de energías renovables que nos permitan dejar de depender del petróleo, bajo mi punto de vista la raíz que ha desatado la lucha de poderes que hoy nos tiene sumidos en un pánico generalizado.

En la actualidad más del 90% del dinero que se mueve en el mundo es virtual y desde los años 80's el dólar dejó de tener respaldo. Esto implica la urgencia de la creación de un nuevo modelo económico y un sistema financiero mundial interconectado a través de Blockchain, pero en donde cada país pueda guardar a su vez su propia autonomía. No es posible que la pelea de Rusia y Arabia saudita ponga en jaque el resto del planeta.

Algunas acciones que podemos realizar desde el confinamiento de nuestros hogares son:



1. Forma parte de una comunidad de emprendimiento o consumo. Puedes proponer acciones o emprendimientos conscientes capaces de ayudar a transformar esta situación, si quieres formar parte de Lapapaya accede a este Link o este otro Link y solicitar ser incluido a nuestro grupo. O puedes participar en muchos otros que existen actualmente. No somos los únicos.

2. Empieza por informarte bien acerca de la lucha por el petróleo y concientízate de la realidad que vivimos.

3. Trabajar en pro y beneficio de otras personas disminuirá tus niveles de ansiedad y te hará indispensable para la sociedad. Esto le dará mayor sentido a tu vida.

4. Habla con tus vecinos y asesórate para crear planes de manejo frente al correcto uso de los recursos naturales.

5. Recicla tus residuos e incentiva a tus vecinos a que también lo hagan.

6. Consume productos locales, apoya a nuestros campesinos y hazte conciente de la importancia de ellos en nuestra cadena alimentaria.

7. Si estás leyendo esto quiere decir que eres consciente, la Junta de acción comunal y la Junta de acción local de tu barrio te necesitan. No dejes el futuro de tus hijos en manos de quienes tienen otros intereses.

8. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Toma acción y empieza a ser el cambio que el mundo necesita.

Sólo requerimos reencontrarnos con nosotros mismos y poner en marcha nuestros sueños.


María Silva Serna y Felipe Velásquez

Artista y Arquitecto

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